Investigador del Plantel estudia impacto de plantas en la disminución de contaminación ambiental

Nov
24
2017
El Dr. Sergio Castro, integrante del Centro para el Desarrollo de la Nanociencia y la Nanotecnología (Cedenna) y académico de la Facultad de Química y Biología de nuestra Universidad, estudia hace años los efectos de tres especies de árboles presentes en Santiago, que capturan partículas ultrafinas y nanopartículas atmosféricas nocivas para la salud, por lo que representan una importante ayuda a la hora de mejorar la calidad del aire.

El Dr. Sergio Castro, integrante del Centro para el Desarrollo de la Nanociencia y la Nanotecnología (Cedenna), lleva tiempo investigando el impacto de la vegetación arbórea en la atmósfera urbana. El científico estudió el comportamiento de tres especies ampliamente distribuidas como plantas ornamentales en Santiago y cuyas características podrían colaborar para disminuir la cantidad de partículas atmosféricas durante todo el año.

A diferencia de la mayor parte de los árboles presentes en la capital, estas especies retienen sus hojas durante el invierno, hecho que les permite capturar pequeñas partículas en el aire, producidas por la contaminación de hidrocarburos u otros contaminantes, en la estación más crítica del año.

Actualmente, la OMS sugiere parámetros para evaluar la calidad del aire basados en concentraciones de partículas MP 10 y MP 2,5, es decir, con diámetros entre 10 y 2,5 micrones.

Sin embargo, existen partículas aún más pequeñas que si bien se conocen a nivel de estudios ambientales, no están reguladas por la norma chilena. Estas partículas de material ultrafino o nanopartículas, son identificadas como MP 0,1 (porque miden cerca de 100 nanómetros o 0,1 micrón), debido a que se trata de una fracción ultrafina de polvo en suspensión en el aire, derivada también de la combustión de hidrocarburos.

Para observar estas nanoestructuras es necesario utilizar principalmente equipos de microscopía electrónica, ya que se trata de dimensiones equivalentes a millonésimas de milímetro.

“Este material tiene una repercusión en la salud humana mucho más importante que las partículas de mayor tamaño, ya que se absorben directamente a través de los alvéolos, y su exposición a largo plazo puede generar enfermedades respiratorias crónicas e incluso facilitar el desarrollo de cáncer”, explica el Dr. Castro, quien además es académico de la Facultad de Química y Biología de la Universidad de Santiago de Chile.

Diversos estudios han mostrado que las especies arbóreas pueden retener en sus hojas el particulado atmosférico, contribuyendo a la mitigación de la polución. No obstante, la mayor parte de los árboles presentes en Santiago pierden sus hojas durante el invierno (especies caducas). “Si se aumenta la vegetación en Santiago seleccionando especies más eficientes en retención de partículas atmosféricas, se podría incrementar el efecto mitigador entre un 10 y un 20%, un resultado nada despreciable al momento de pensar en políticas públicas que mejoren la calidad del aire urbano”, acotó el Dr. Castro.

Las especies de árboles que han sido estudiadas hasta este momento son el laurel en flor (Nerium oleander), el pitosporo (Pittosporum tobira) y el ligustro (Ligustrum lucidum). Parte de este estudio ha sido publicado en la revista científica Water, Air and Soil Pollution.

La planificación de la ciudad y el peligro ante escasez de agua

En la segunda mitad del siglo XIX, el intendente Benjamín Vicuña Mackenna se abocó a cambiar el rostro de Santiago, imitando las tendencias arquitectónicas y ornamentales europeas. En este empeño comenzó un extenso e inédito programa de embellecimiento de la ciudad trayendo plantas exóticas para hermosear los primeros parques. Las especies de árboles nativos del país no fueron consideradas en esta empresa. Esta iniciativa caló profundamente en nuestra manera de ornamentar la ciudad, y particularmente en las especies a usar. En la actualidad se observa que solo el 15% de las especies presentes en Santiago son nativas de la región, en tanto que la mayoría corresponden a especies foráneas. Algunas ciudades europeas y norteamericanas revelan un gran contraste con Santiago, pues en ellas la mayor parte de la flora urbana sigue siendo nativa.

La alta representación de especies exóticas por sobre las nativas en la ciudad de Santiago revela un conflicto adicional que hasta ahora no ha sido explorado. Las proyecciones de cambio climático para Chile indican que la disponibilidad de agua será crítica para nuestro país. Dado que las especies exóticas que proceden de regiones de clima diferente al nuestro requieren más agua para su sustento (por esta razón son regadas), la flora ornamental tendrá un impacto en la economía del agua para la ciudad.

“Estos antecedentes hacen necesario comenzar a pensar en un sistema de recambio de especies ornamentales que tenga sentido y sustentabilidad. Idealmente, se debiera propender hacia el uso de plantas nativas como elementos ornamentales al interior de Santiago, favoreciendo su conservación y contribuyendo a una mejor economía del agua”, concluyó.

Por Sandra Gómez